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Querida vida: gracias por la lección

julio 22, 2020

Recuerdo mucho un dicho que decían mis mayores cuando yo era pequeña “no escupas al cielo para que a la cara no te caiga”; nunca entendí muy bien su significado hasta que entre por primera vez a la universidad.

La carrera que escogí era poco convencional, debía despertarme a las tres de la mañana ya que mi primera clase la tomaba a las ocho, la escuela estaba al otro lado de la ciudad y me hacia aproximadamente cuatro horas de ida y otras cuatro de vuelta; mis condiciones económicas no me permitían rentar un cuarto cerca de la facultad y además, mi familia y yo estábamos pasando por una crisis muy fuerte.

En algún momento mi mamá me planteo la opción de estudiar y trabajar al mismo tiempo pero yo tenía una actitud tan soberbia que recuerdo haberle contestado con pésima actitud: “¡¿pero como crees que voy a hacerlo?!, no tengo tiempo y además a quien dos amos sirve con uno queda mal, voy a necesitar tiempo para mis prácticas y no me van a dar permiso en el trabajo, además en qué lugar voy a trabajar si pierdo mucho tiempo en el transporte”.

Al poco tiempo abandone la carrera porque la presión fue mucha para mi y mejor comencé a trabajar, aunque yo me arrepentía por la decisión que había tomado, intente la segunda opción para continuar con mi vida. Lamentablemente los trabajos que conseguía no eran nada redituables, eran muchas horas, mucho cansancio y poca paga, al ver algunos compañeros que ya llevaban algunos años trabajando en el mismo lugar y prácticamente resignándose a su forma de vida, por mi cabeza pasaba el sentimiento de no querer continuar, así que tome la decisión de retomar mis estudios.


Intente regresar a la escuela y a la carrera que había abandonado pero ya no puede por haber renunciado definitivamente; la verdad me deprimí pero mi papá al ver que tenía todas las ganas de estudiar me propuso que buscara otra carrera que también me agradara y que el haría todo lo posible por pagarla.

Decidí darle la importancia necesaria a esta oportunidad y ni tarda ni perezosa comencé a buscar carreras afines, escuelas, precios hasta que me decidí por algunas y quede con mi papá de ir a verlas.

En una de ellas (que al final es la que escogí) me comentaron de que había cierto descuento en la colegiatura si trabajaba en alguna de las empresas con las que tenían convenio y para mi suerte, resultó que ¡yo ya había trabajado en una!.

Así que dije, la lección es clara: lo que debo hacer es trabajar y estudiar, y así fué.

Con el paso del tiempo me di cuenta que tenía que pasar por esa lección para darme cuenta de lo que soy capaz; en ocasiones la vida nos pone frente a situaciones que las vemos como un gran obstáculo sin darnos cuenta que es una gran oportunidad para crecer. Hay quienes la tratan de evadir como yo, pero más adelante se vuelve a presentar y es en ese momento cuando debes ser valiente y afrontarla sin miedo porque te dejara un aprendizaje muy valioso.

Tú decides verlo como una forma de crear algo mejor para tu vida o pensar que el destino te manda esa lección para que sufras.

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