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No tengo nada de que avergonzarme

septiembre 12, 2020

Hace unos días le entregaron a mi amiga las fotos de su boda (después de un año) y nos reunimos, quienes fuimos sus damas y ella a tomar un café en videollamada (porque pues pandemia).


En un año todas cambiamos, sin embargo, la anécdota de su despedida de soltera en la playa fue nuestro impulso. Les cuento, estábamos guapísimas con nuestros trajes de baño, lentes y cóctel en la mano, sentadas en los camastros tomando el sol sensualmente. Somos mujeres normales con caderas, celulitis e imperfecciones en la piel; por lo que aprovechamos que teníamos literal el bar y la playa solo para nosotras para dejarnos de penas y lucir nuestros trajes de baños coordinados.

Todo era fiesta y diversión hasta que unos chicos se sentaron próximos a nosotras y a los poco minutos unas modelos de impacto se sumaron a nuestro bar. Los chicos miraban coquetos a las modelos (les juro estaban divinas, tanto, que pensaba eran irreales) y las chicas que solo eran tres, buscaban evitar contacto visual con ellos.

Mi amiga Ana, quien es una rebelde, se acercó a ellas y les ofreció un trago y a sumarse a nuestra fiesta, las chicas súper tímidas aceptaron y se soltaron el cabello, es decir, se liberaron de la pose.
Después de varios cocteles y canciones de perreo, las modelos se acercaron a mi amiga y le dijeron: ¡son increíbles!, quisiéramos ser tan seguras como ustedes.

De momento respondimos todas que nos queríamos y que seriamos amigas por siempre. Cayo la noche, nos despedimos de nuestras nuevas amigas con la promesa de regresar pronto para repetir la despedida de soltera e hicimos maletas con las palabras de las modelos en nuestras mentes.

Nosotras nos habíamos puesto a buscar hoteles lejos de tanta gente para poder actuar sin temor, habíamos elegido trajes que nos taparan “las imperfecciones” y estábamos tan mentalizadas en lucir exquisitas que por poco no disfrutamos de la arena en nuestros pies y eso hubiera sido terrible.


En fin, paso la boda, y a todas las damas que fuimos a esa playa nos reventó la confianza y el amor propio. Unas comenzaron sus empresas, otras cambiaron de look, yo termine mi relación toxica y hoy salgo con un precioso francés que ama mis olas de mar en mis caderas, y todo esto gracias a una afirmación de unas completas extrañas: somos increíbles y seguras.

Descubrimos que no teníamos nada de que sentirnos mal o avergonzarnos, que la actitud y la felicidad son atractivas e incluso muy sexys. Jamás vimos a las modelos como una amenaza, pero al compararnos negativamente con ellas las envolvimos sin querer en una competencia por atención masculina y ¡NO GIRRL!

Todas somos preciosas, únicas e irrepetibles. Que nadie te diga lo contrario.
Para cuando terminaba la videollamada, Ana dijo: oigan soy como todas ustedes: increíble y segura y no tengo nada de qué avergonzarme.


Yo hice un chasquido con los dedos: ¡You Got it Girl!

Y si, tu tambien lo tienes; solo es cuestiòn de que dejes salir todo tu ser: la magia de ser tu misma es inigualable.

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