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AMISTAD Y DISTANCIA

julio 14, 2017

Es difícil empezar esto, porque sé que dijimos que estaríamos juntas. Tantas fiestas de despedida de conocidos y siempre pensábamos que nunca nos pasaría, que no seríamos las que dicen “adiós”. Hasta que un día, tuve que decirte acerca de una oportunidad que se me dio, el único problema fue que era a miles de kilómetros. Esa noticia cambio todos nuestros planes.

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Cada día que pasaba nos acercaba más a la despedida, no podría olvidar nunca como lloramos como niñas en el aeropuerto, prometiste ir a visitarme en cuanto pudieras, no sé tú, pero yo lo único que pensaba era ¿cómo lograremos que esta amistad siga? ¿cómo hacer que la distancia no se vuelva algo que la perjudique?, eso era mi único pensamiento mientras volaba hacía un lugar desconocido, en el cual todo sería nuevo y tendría que empezar desde cero.

En cuanto llegué, lo primero que hice fue enviarte un mensaje, mandarte una foto de cómo estaba perdida en el aeropuerto, porque nunca había estado sola en un país diferente en mi vida. No te miento, tuve miedo la primera semana, después de eso tuve que echarle ganas y tu más que nadie lo sabe, en cada llamada me dices lo dificultoso que sería, pero que no podía dejarme vencer por nada, que me había ido hasta allá para aprender cosas nuevas y que debía esforzarme al máximo.

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Sé que fue complicado tratar de encontrar un momento en el día para platicar, pero siempre lográbamos hacerlo, así durmiéramos 3 horas, o nos despertáramos a horas inimaginables de la madrugada para hacerlo, aunque sea un ratito, no importa de que, siempre había un tema nuevo en nuestra vida.

Para nosotras ir de compras nunca fue un problema, siempre estaba ahí para ti por mensaje, tu enviándome fotos y yo diciéndote si eso te se te veía bien, ver películas por video llamada fue algo que simplemente nos encantaba, cantar como locas por notas de voz y enviarte postales se hizo una tradición.

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Lo sé, yo también recuerdo aquel día en el que ignoré tus llamadas, tus mensajes y hasta tus comentarios en mis redes, porque aparte mi enojo nunca tuvo una justificación. Me dijiste que tenías vacaciones, que tal vez vendrías a visitarme, pero por diferentes situaciones no alcanzabas a cubrir los gastos. Sé que no entendiste mi enojo, pero en verdad quería volver a ver a mi amiga, aunque fuera unos pocos días, moría por enseñarte todo lo que hay aquí, presentarte a mis nuevos amigos, a los cuales siempre les hablo de ti, ir a comer de todo y obviamente, poder volver a pasar un día como si nunca me hubiera ido, lo sé, nunca lo dije, capaz eso hubiera evitado las peleas que vinieron después, pero era inevitable, a veces enojarse está bien, porque la frustración es algo que viene con todo esto y en verdad siento todo lo que dije ese día.

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Tal vez, así como tu sentías celos de mis nuevos amigos, yo también lo hacía, pero la verdad es que no era por envidia, si no más bien era porque sabíamos que ellos podían estar cerca de cada una, el día que quisieran y a la hora que quisieran, no como nosotras, que a veces sin darnos cuenta pasaban días en los que ni un mensaje nos enviábamos por culpa de las ocupaciones.

Cuando al fin pudimos volver a reencontrarnos, me volví loca, contaba los días para volver a verte, hablar de miles de cosas, presentarte a las personas que comenzaban a estar en mi vida, ser de nuevo esas mejores amigas que se conocían desde niñas. El día que llegaste, era como si nada hubiera cambiado, las dos seguíamos siendo las mismas, pasamos días maravillosos y el último día fue muy difícil volver a separarnos.

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Sabíamos que nuestra amistad se volvía más fuerte con cada día que pasaba y que sin importar la distancia nos apoyaríamos. Aprendimos que no hay una fórmula para poder manejar amistades a distancia, en realidad, se trata de la confianza y sobretodo de fortalecer ese lazo que tenemos con los amigos sin importar en donde estemos.


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